La Guía de Roque Pérez 101 | Diciembre de 2016

Andrea Curcumelis tiene 79 años, nació en el año 37 en la isla griega de Cefalonia (Kefalonia), en una pequeña aldea llamada Calligata. Su familia fue golpeada primero por la guerra y luego por el terremoto que los dejó sin hogar. Los Curcumelis emigraron a Australia pero Andrea trabajó en los barcos de carga hasta que un día, desoyendo al capitán, bajó en Argentina.

 

“Yo tenía 13, 14 años -dice Andrea Curcumelis- y viajaba con los barcos de carga. Iba a Canadá, a Norteamérica y también a Argentina”. Pero la historia es larga…

 

Cuénteme Andrea, yo tengo tiempo para charlar…

“Una vez le pregunté al capitán si me podía bajar en Argentina. “No -me dijo el capitán del barco- aunque tu hermano sea presidente, vos no te podes bajar del barco”.

Pero antes cuénteme de su tierra…

Cefalonia

“Nací en Calligata –cuenta Andrea-, en la isla Kefalonia, es un pueblo chico, cerca del mar, por ahí pasaban los barcos de carga. Trabajábamos la viña y cultivábamos aceitunas. La producción se la llevaban en camión y después nos traían una parte del aceite y vino. Teníamos un campito con viña y ahí trabajábamos con mi hermano. Toda uva blanca. Salía un vino riquísimo. Teníamos dos barriles grandes y del mismo barril nos servíamos el vino en un vaso. En el campito sería una hectárea, era chico, también sembrábamos melones y sandias”.

Cefalonia con 904 km cuadrados es la mayor de las islas griegas del mar Jónico. La isla fue denominada así por Herodoto y su nombre remite al personaje mitológico Céfalo. Su capital se llama Argostoli y sus lugares turísticos más reconocidos son el pintoresco puerto de Fiscardo (de estilo veneciano) y la playa de Myrtos, considerada entre las más bellas del mundo.

Mis padres trabajaban con la viña y las aceitunas. Mi padre se llamaba Gerónimo Curcumelis y mi madre se llamaba Sofía. Y éramos tres hermanos: Irene (ya falleció) y mi hermano Nicolás que emigró a Australia. De mis abuelos no me acuerdo nada…

 

¿Fue a la escuela?

“Sí, la escuela me quedaba a pocas cuadras… -recuerda Andrea- pero fui solo tres años porque la maestra nos pegaba en los dedos con una rama gruesa. Un día con dos amigos cuando la maestra nos iba a pegar como siempre, la asustamos con un cortaplumas. Así fue que llamaron a la policía y nos echaron de la Escuela a los tres”.

 

La segunda guerra

Los recuerdos de la infancia de Andrea son los recuerdos de una vida rural, apacible pero pronto aparecería en estas islas bañadas por el sol, la sombra cruel de la guerra.

En 1941 en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial Alemania; Italia y Bulgaria ocuparon todo el territorio griego. Entre otros lugares los italianos ocuparon las islas jónicas, entre ellas Cefalonia donde vivía Andrea Curcumelis y permanecieron en ella hasta 1943. La ocupación de las fuerzas del Eje provocó terribles penurias para la población civil griega. Más de 300.000 civiles murieron a causa del hambre, miles más por las represalias, y la economía del país quedó en ruinas.

“La segunda guerra la vivimos toda con mi familia –cuenta Andrea-. Los italianos no eran malos pero los alemanes sí. Si estabas herido no te permitían ir a curarte. Los soldados italianos estaban cerca de mi casa y mi mamá les lavaba la ropa y les daba comida”.

“Un dia mi mamá y mi hermano fueron a buscar leña. Se traía la leña arriba de la cabeza. Y yo quedé en la casa hirviendo porotos. Mi hermano se llenó los bolsillos de cartuchos que juntó de los italianos. Cuando volvió y se acercó a la cocina, le explotaron los cartuchos! yo me escondí abajo de la mesa, era chiquito. Mi mama le echó un balde de agua a mi hermano que si no se quemaba todo pobre!”

“Mi papá murió de hambre. Él iba juntando lo que tiraban los italianos y nos traía a nosotros para comer. Y él comía raíces y le hicieron mal y murió. Yo era muy chico”.

Ya en la primavera de 1941 la economía nacional griega se encontraba arruinada y el país sufría escasez de combustible, alimentos, energía, semillas y forraje. Las materias primas y alimentos fueron requisados. La gran hambruna del invierno de 1941-42 en la que se calcula que 300 000 personas murieron. Según cálculos de la Cruz Roja, 73.244 personas murieron por hambre entre septiembre de 1941 y mayo de 1942.

“Primero los alemanes corrían a los italianos –cuenta Andrea sobre la época en que Italia firmó el armisticio con los aliados en setiembre de 1943-. Entraron a Grecia para pelear con los italianos. Después los rusos echaron a los alemanes. Los rusos atacaban con sus submarinos a los barcos alemanes”.

Repasando la historia, otra brutalidad notable de las tropas nazis fueron la matanza de tropas italianas en las islas de Cefalonia y Kos en septiembre de 1943, durante la toma alemana de las zonas de ocupación italiana. En Cefalonia, la división Acqui de doce mil italianos fue atacada el 13 de septiembre por los alemanes y obligada a rendirse el 21 de septiembre, después de haber sufrido unas mil trescientas bajas. Al día siguiente, los alemanes comenzaron a ejecutar a sus prisioneros y no se detuvieron hasta fusilar a más de cuatro mil quinientos italianos. La matanza de Cefalonia sirvió como trasfondo para la novela La mandolina del capitán Corelli que también fue llevada al cine.

 

El terremoto

En 1945, tras la derrota alemana, la isla quedó en manos de las fuerzas británicas que la devolvieron a Grecia. En 1953, fue asolada por un terremoto y parte de las 365 villas que había allí desaparecieron y el 90% de los edificios fue desvastado. Aunque Fiscardo, el puerto, resultó casi intacto.

“Cuando terminó la guerra vino el terremoto –recuerda Andrea-. No quedó ladrillo sobre ladrillo. Todos nos quedamos sin casa. Por la gran pobreza que había yo tuve que trabajar en los barcos y mi hermano y mi madre emigraron a Australia. Todos se mudaron a Australia después del terremoto porque no había trabajo”.

 

Nueve años en barco, destino Argentina

Andrea Curcumelis con apenas 13 años comenzaba un periodo de 9 largos años viviendo y trabajando en un barco de carga, surcando el océano, lejos de la familia.

“En el barco estaba bien, comía bien –cuenta Andrea-. Yo estaba abajo de todo en las máquinas. Era foguista. Regulaba el agua de las calderas y echaba leña a la máquina. También fui cocinero en el barco, había como doscientas mesas que atender. No era fácil la vida en el mar. Los viajes duraban meses. Empecé a los 14 años y estuve hasta los 22 años cuando vine a Argentina”. “En los puertos nos daban permiso para bajar. Siempre íbamos a la cantina a tomar vino”.

“Una vez -recuerda Andrea- hicimos un viaje a Rosario y después llegamos al puerto de San Nicolás. Era el año 1959. Yo esperé que todo estuviera tranquilo y no me viera nadie. Junté mi ropa y bajé del barco”.

 

¿Por qué se bajó en Argentina?

“Porque me aburrí tantos años arriba del barco. Yo empecé a los 13 años. A los 14 años ya estaba viajando por Norteamerica”.

 

Un griego en Buenos Aires

“Mis amigos del barco me decían, “no te quedes porque los argentinos te matan”. Pero nada que ver –cuenta Andrea Curcumelis-. Yo bajé a la tarde cuando nadie vigilaba y salí muy tranquilo. Hacía mucho frio. Me fui a Buenos Aires a la calle Lavalle donde había un griego y esa persona a su vez me envió a ver a otro paisano nuestro en Ituzaingo. Yo no sabía ni una palabra en castellano, no sabía hablar. Después me dieron un diccionario griego - español”. De Argentina tampoco sabía nada. “En Ituzaingo trabajé en una carpintería mecánica de un paisano llamado Ieracmo. Pero no me pagaban bien”.

 

La Dulce

Otro paisano que se llamaba Terry Licardopulos fue el me trajo a conocer la estancia La Dulce (paraje La Gloria de Roque Pérez). Después ya me quedé a trabajar en la Estancia en Roque Pérez. Yo hacia el parque, cortaba árboles grandísimos. Y al tiempo me ofrecieron criar chanchos. Yo los criaba como se arregló pero nunca me daban lechones! Hasta que un día me cansé de que no me paguen y arrié los animales con una lata de maíz y vendí los chanchos. Después el dueño me preguntó “Y los chanchos?” “y los lechones?” le dije yo. El hombre me quiso pegar, lo empujé y terminó patas para arriba entre la leña! Otro día vino y me saludó lo mas bien y no se habló más de los chanchos”.

Trabajando en la Estancia Dulce conoció a Mary Testa que venía desde Florencio Varela. A los siete meses se casaron.

“Andrea aprendió a hablar mejor y a escribir porque le enseñó mi cuñado Ricardo Ambrossi que vivía al lado de la estancia La Dulce” recuerda Mary.

 

Roque Pérez

Después de vivir un tiempo en La Dulce Andrea y Mary se vinieron a vivir al pueblo. “Empecé a trabajar de albañil con Ricardo Barontini y con Jorge Reparaz. Después fui albañil por cuenta propia. En el 71 –cuenta Andrea- empecé a pagar un terreno a la municipalidad de a 7 pesos por mes y empecé de a poco a hacerme la casa”.

“Trabajé en los silos de cereales hasta que tuve un accidente de trabajo. El seguro me cubrió unos pocos meses y después ya me quedé sin sueldo. Entonces, como tenía que dar de comer a mi familia me instalé en una carpa al lado del río, en la estancia de Tronconi. Estuve siete meses pescando. Mi hijo iba en una camionetita a llevarme comida y a buscar el pescado para vender. Vendíamos bagres y carpas. La pasamos difícil”.

“El ha sido un luchador toda la vida –dice Mary-, un buscavidas. Nunca se quedaba quieto”.

“Después empecé a hacer quinta -recuerda Andrea- y vendía la verdura y también a hacer leña y venderla”.

“Salía a hacer el reparto en la bicicleta –recuerda Mary- porque el nunca aprendió a manejar. Salía con la bicicleta cargadísimo de verduras, mucha gente se acuerda que Andrea le llevaba las verduras a su casa. Después tuvo un preinfarto y ya no pudo seguir trabajando”.

 

¿Andrea y hoy que recuerda de Grecia?

“Ya no me acuerdo...”

 

Grecia se destacó por su cultura, creó la democracia...

“Sí... Grecia es la tercera cuna del mundo, tuvo a Sócrates y muchos otros filósofos, tuvo su arquitectura con columnas. Es muy lindo Grecia. Por eso tiene mucho turismo. Pero hace poco tuvo muchos problemas por la economía”.

 

¿Nunca volvió?

“No, nunca más volví a Grecia”.

 

¿Le hubiera gustado?

“Ya no...porque voy a reconocer muchas partes pero no queda casi nadie de mi familia. Muchos tios y primos ya murieron”.

 

¿Y qué fue de su familia?

“Mi mama vivió hasta los 99 años en Australia con mi hermano y mi cuñada. Hoy mi hermano tiene 81 años y vive en Melbourne. En el año 95 mi hermano regresó de paseo a Grecia y desde ahí se vinieron a visitarnos a Roque Pérez” cuenta Andrea y me muestra un adorno con canguros, regalo de Nicolas.

 

¿Está feliz de haber venido a Argentina?

“Sí...porque la gente es buona (buena) hay alguno que otro malo, pero son casi todos muy buenos! Vine a Argentina, me casé, ahora estamos jubilados los dos. Y hoy tengo 7 hijos, 15 nietos y 3 sobrinos que son como mis nietos también y ahora nació un bisnieto. Así que está lleno de Curcumelis!”

“Yo les enseñé algunas palabras griegas a mis hijos –me dice Andrea-. También a algunos chicos que querían viajar a Grecia. Por ejemplo Kalimera (buen día) Kalinixta (buenas noches).”

 

¿Y amigo cómo se dice?

Ah… se dice…Filos!

“Estoy muy contento que hayas venido -me dice Andrea-. Acá podes venir cuando quieras”, me despide desde la puerta de su casa rodeada de plantitas de jardín y de recuerdos.

Le dije gracias, que tome los remedios, que le haga caso a Mary. Podría haberle dicho: Kalimera Andrea! Kalinixta Filos!

Un paseo de trescientos pasos para reconocernos en los lugares por los que pasamos a diario y siempre tienen una historia que contar (primera entrega).

Tienda Gran Barata Roma


1953, en el Hotel Vasco Argentino: Simón Goitia, Juana María Leverone y sus hijos Juan Manuel, Alberto y María Ester.

Hoy empiezo este recorrido como peatón curioso por las calles de Roque Pérez. Lo inicio en la esquina de las calles 9 de Julio y Eulogio Berro. La fecha patria es la de nuestra independencia. Dicen que aquel día de 1816 fue un martes soleado. Los historiadores cuentan que Belgrano propuso ante los congresales el establecimiento de una monarquía moderada, encabezada por un príncipe inca. Fue apoyado por San Martín, Güemes y los diputados del Alto Perú quienes propusieron que la capital del reino fuera el Cusco. Los enviados de Buenos Aires se opusieron y finalmente ganó el ala republicana sobre la monárquica. Una curiosidad, las Islas Hawai fue el primer país en reconocer la independencia argentina recién en 1818.

Eulogio M. Berro fue el diputado lobense que redactó la ley sancionada en 1913 que creó el partido y otorgó la autonomía a Roque Pérez.  Berro, del partido conservador, fue dos veces intendente de Lobos y el primer comisionado de Roque Pérez.

Vuelvo al presente. A mi izquierda la Gráfica Santi de Daniela Giralde y Martín Costa me recuerda el noble oficio del imprentero. Hoy los tipos móviles que se usaban para componer un texto letra por letra son prácticamente piezas de museo. Pero en Gráfica Santi existe la tipográfica de Raúl Giralde con la que se imprimía el periódico Juventud. Aún se usa para imprimir calendarios. Pero la computadora y la impresión digital han desplazado al trabajo manual. Siglos de evolución tecnológica nos separan de la imprenta creada por Gutenberg en 1440.

En esa esquina funcionó en los años 80´ Cañoplast, una venta de artículos sanitarios de Pedro Garabento. Pero me voy a los comienzos de la historia de nuestro pueblo.

El Hotel de Echeverría funcionó allí desde los años 20´ y quizá antes también. Me cuenta Martín Echeverría que la dueña era su bisabuela, Doña Gregoria Arévalo de Echeverría. Había llegado al país en 1880 desde Urduliz, España.

Tenía restaurante y fonda para atender los caballos de los viajeros. Se llamaba El Vasco Argentino. Después lo administró, Simón “el Vasco” Goitía y su esposa Juana Leverone. María Ester Goitía nos confirmó que sus padres se establecieron allí en 1946 y el hotel funcionó hasta el año 1968.

Al frente los terrenos del Ferrocarril lucen muy bien. En los últimos años se llenaron de juegos para los más chicos y canteros de flores y una fuente de agua. Estos cambios le sentaron tan bien que muchos roqueperenses se han apropiado, en el mejor sentido, del lugar. Los chicos corren, los jóvenes escuchan música y las familias disfrutan unos mates sobre el césped.

Pensar que ahí estaba la que llamábamos “la canchita de la Roma”. Era la cita futbolera de muchas tardes. Si nos habremos pelados las rodillas en el suelo desparejo y sus infaltables manchones de tierra frente a los arcos!  Cuando desapareció la canchita de Monetti (en la esquina de Alem y Rivadavia) los picados se mudaron al terreno ferroviario. Algunos recordarán también que a fines de los años 80 en ese lugar se trazó un ovalo en la tierra para la práctica del ciclismo.

A mi derecha veo el comercio Hendel. Esta cadena de venta de electrodomésticos tiene nada menos que 26 sucursales en la provincia. Abrió sus puertas en el año 2000 en el edificio de la Agencias Martini y en 2007 adquirió la esquina de la Tienda Roma y acondicionó el edificio respetando su fachada. Trabajan en esta casa 11 empleados.

En ese edificio existió la tienda Gran Barato Roma. La tienda era anterior al año 1913 y era propiedad de Joaquín Abad. En 1917 Teodoro Galán Sacristán (que había nacido en la provincia de Soria, España) es empleado en la tienda. En 1923 Sebastián Galán y Oliva (sobrino de Teodoro) también llega a la Argentina a trabajar en la Tienda. En 1925 Teodoro compra El Gran Barato Roma a Joaquín Abad. El edificio antiguo se incendia totalmente en 1930 y en 1932 se inaugura el edificio actual. La tienda funcionó hasta 2005 y Quiquí y Raúl Galán fueron sus últimos propietarios. Muchos recuerdan todavía sus largos mostradores. A mí siempre me llamaba la atención las altas estanterías a las que se accedía por escalera, la gran tijera de cortar telas y la antigua caja registradora con sus brillos, sus botones, palancas y su ruido a timbres.

 

Repuestos Elibo y panadería Los Trigales. En el edificio funcionó la agencia Ford

Sigo caminando. A mitad de cuadra existió la carnicería La Lucha de Jorge Draghi en los años ´90 y antes la Veterinaria de Antonio Tordó, por lo menos desde los años ´50. Era un comercio tradicional, muchos años única veterinaria del pueblo y existió hasta principio de los años ´80.

Al lado nomás, hoy están los consultorios odontológicos de Gabriela Albanesi y Patricia Giorgini. Ya no hay que juntar valor para ir al odontólogo, el tramite es indoloro! Hoy el torno es más silencioso, la técnica más amigable. Pero me contó Gabriela que antaño, cuando no existía la anestesia había en los consultorios bandas de música para que no se oyera los gritos de los pacientes!

Avanzo en la cuadra. El edificio de Repuestos Elibo y panadería Los Trigales fue en los años 20´ la Agencia Ford de José Di Pardo, nos cuenta Roberto Thea. “Un hombre muy mayor me contó -dice Roberto- que ahí se exhibió y vendió el primer Ford T de Roque Pérez. Y las antiguas ventanas tenían el logo de Ford. Después yo refaccioné respetando la fachada”.

Repuestos Elibo es otro comercio con historia. Propiedad de Manuel Elizagaray y Federico Bolla abrió sus puertas en 1971, primero en Mitre Nº 1089, nos cuenta Roberto Thea que atendió el mostrador desde el primer día, recién egresaba de la Escuela Técnica de Lobos y tenía 20 años. Roberto la adquirió en 1977 y mudó el comercio a calle Berro.

Actualmente Repuestos Elibo lo administra Claudia y Alfredo Nino López. Antes de Repuestos Elibo el lugar fue la Semillera Morgan de Abel Goñi.

En 1989 Roberto Thea junto con Santiago Brnic abrieron la Panadería Berro. Fue la primera con horno rotativo a gas en toda la zona. En cuatro meses pagamos la inversión -dice Thea-. En 2003 Thea alquila el fondo de comercio de la panadería a la familia Lister. La entrada al garage contiguo fue taller de la agencia Ford mencionada y luego taller mecánico de Ertini, Iriarte y Dellantoni. Luego tuvo allí su taller Jorge Ruzzi.

Como todos los noviembres los jacarandás visten este tramo de la calle con esplendidas copas celestes.

Ahora paso por Automotores Baudagna de “Pocho”, “Nenucho” y Pablo Baudagna, en la esquina de Berro y Alem. Me cuenta “Nenucho” que su padre comenzó a vender automóviles en la Agencia Citroën Chipaco, que estaba donde hoy existe Virgi Hogar en calle Mitre. En 1975 el Rodrigazo lo fundió. Siguió vendiendo autos en su casa, luego 5 años en la esquina de Avellaneda e Yrigoyen y en 1993 se trasladaron a esta esquina que era baldía. El terreno se acondicionó con piedra suelta y allí se exhibían los autos hasta que construyeron el local actual en 2002. Desde 2004 cuentan con sucursal en Navarro.

 

Automotores Baudagna desde 1993 en calle Berro



Farmacia Mangas, antes fue Antigua Farmacia Grumelli

En la esquina frente a Baudagna existió la mueblería de Urbisaglia en los años 70. Más recientemente fue Rotisería El Tata (de Javier Ruzzi) y luego Kiosco (actualmente de Gianina Burgiani).

Antes la esquina incluía el local vecino que hoy es despensa de Camila Godoy (estuvo allí 16 años Olga Polenta de Paolini)

En ese lugar existió en los años 30 la Tienda “La Gallega” de Ortiz, Tovillas y Cía. “La casa más surtida y que vende más barato” decía su aviso en el diario El Argentino de 1938 que había publicado los 25 años de la autonomía de Roque Pérez. Hace algunos años atrás Niní Galán me contó que allí existió la peluquería de Rafael Grande.

Llego hasta la Farmacia Mangas. Ahí funcionó el Almacén de Pancho Grande. Según Jorge Pescie antes hubo Juguetería de José Chapela pero Enrique “Quiquí” Galán recuerda un negocio de Chapela en la esquina actual de Agencia Baudagna.

La actual Farmacia Mangas en los años 50 fue la Antigua Farmacia Grumelli. El farmacéutico Don Santiago Grumelli era corpulento. Yo lo sufrí en carne propia! Grumelli aplicaba inyecciones y cuando había resistencia, aprisionaba las dos piernas del paciente con las suyas y así le quedaban las manos libres para el pinchazo!

Martas Mangas, propietaria desde 1994, nos cuenta que se recibió de farmacéutica en 1977 y desde 1978 ejerce en esta Farmacia. Marta conserva todavía y funcionando la vieja balanza Berkel de la época de Grumelli, que había llegado en tren, como casi todo en esa época.

Saludamos a Jorge Pescie de Joyería Eli que visitaremos en otra entrega de este recorrido, pero ya me adelanta que gracias a los vecinos la Berro fue la segunda calle iluminada con luz a mercurio. La primera había sido la calle Mitre pero por obra del municipio.

Doblo por la calle Avellaneda donde La Panadería de Santiago es uno de los más tradicionales y antiguos comercios de Roque Pérez. Los vecinos recordamos ese olorcito característicos del pan recién horneado y las tortas negras diferentes a tantas, algo más grandes y un “no se qué”. Sería el sabor del horno a leña? quizá...o la mano del maestro panadero...

Según se ve en la fachada el edificio fue refaccionado en 1928 por Latanzio. Las persianas metálicas conservan la marca de la herrería de Luis Foffani. Francisco Santiago se estableció allí en 1945, nos cuenta su hijo Cacho Santiago. Había sido la Panadería de Latasa en los años 20´. “Como no tenía ventas suficientes -cuenta Cacho- mi padre empezó a hacer reparto en el campo primero en un camioncito Chevrolet que volcó en La Biznaga y luego en un rastrojero nuevo y rojo. Después hizo mucha clientela, la gente entraba a la cuadra a ver si ya había pan”.

Actualmente administra Jorge Arispe y la panadería sigue aún hoy elaborando el pan con el viejo horno a leña. Dos veces se derrumbó el horno cuenta Cacho que recuerda especialmente los maestros de pala Cacho Villar y Homero Ayastuy. Entonces se trabajaba desde las 3 de la mañana.

En el mismo edificio de la panadería funciona hoy la fábrica de pastas Artesana de Pedro Santiago. En ese lugar funcionó la Biblioteca Popular Esteban Echeverría. Eran los años 50´ y el bibliotecario era Don Julio Gutiérrez. Allí, Beto Pierini tuvo carnicería desde 1974.

Cacho Santiago también me cuenta que la casa de chapa de Berro y Avellaneda (hoy es la Dirección de Cultura municipal) era la casa del capataz de la estación del ferrocarril. Recuerda capataces de apellido Da Silva y Viñas. La casa más pequeña (esta frente a la panadería y hoy es oficina de turismo) era la casa del segundo del capataz.

Vecino a panadería Santiago, funcionó muchos años el kiosco de Mingo Anta. Y toda la esquina de Avellaneda y San Martín fue el Restaurante y Fonda de Anta en los años 20´. Me contó Norma Anta que era propiedad de Francisco Anta y que eran ocho hermanos venidos de Italia. No hace mucho había argollas en la vereda para atar los caballos que llegaban al lugar.

En la esquina, antigua Fonda Anta funcionó la tienda Blanco Marías de María Ines Goñi y en junio de 2016 se estableció El Gringo, fiambrería de Martín y Agustín Moscoloni que continúan haciendo reparto de productos aquí y en Chivilcoy.

 

Panadería Santiago, antes fue Panadería de Latasa

Estoy frente a las vías en lugar conocido como “el paso a nivel de Santiago”. Como deja huella un comercio en un pueblo, si hasta es parte de la lengua popular.

Cruzo la vía y pienso, ¿será cierta la anécdota? Dicen que el avisador que anunciaba un baile se le paró la camioneta sobre la vía justo cuando venía el tren y por el megáfono decía “hay me pisa! hay me c...!” Dicen que lo pisó nomas, pero sin consecuencias por suerte.  Pero resulta que un amigo de Olavarría me contó la misma historia ocurrida en el pueblo de Hinojos! Verdad o mitología pueblerina? Las mismas historias se repiten en distintas geografías.

Avanzó hasta la plaza Paula Albarracín. Doña Paula fue la madre de Domingo Sarmiento (presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874). En Recuerdos de Provincia Sarmiento cuenta de ella: “Debajo de una de las higueras... estableció su telar, y desde allí, yendo y viniendo la lanzadera, asistía a los peones y maestros que edificaban la casita, y el sábado, vendida la tela hecha en la semana, pagaba a los artífices con el fruto de su trabajo… Tejía mi madre doce varas por semana, que era el corte de hábito de un fraile, y recibía seis pesos el sábado, no sin trasnochar un poco para llenar las canillas de hilo que debía desocupar al día siguiente…”

Con su trabajo Paula Albarracín era el sostén familiar porque el padre de Domingo (José Sarmiento) en 1817, acompañó a San Martín a Chile, empleado como oficial de milicias en el servicio mecánico del ejército. Domingo Sarmiento decía de su padre que no era muy planificado y que su ayuda eran  “accidentales auxilios”.

Según Beatriz Sarlo “Sarmiento convirtió a su madre, sobre quien sólo sabemos lo que él nos cuenta, en un arquetipo, el  ancla de una familia que ella habría sostenido con trabajo, dignidad, constancia y resignación…”.

“Sarmiento necesitaba esa madre que él mismo perfeccionó: Paula Albarracín es lo que Sarmiento hizo de ella para que nosotros tengamos hoy una imagen de cómo fue la infancia de Sarmiento. Al escribir sobre su madre, cuenta lo que él quiere que leamos sobre sus orígenes”.

Volviendo a nuestra geografía local, en la plaza Albarracin existe un monolito que recuerda la más feroz dictadura militar sufrida por el pueblo argentino. La que comenzó el 24 de marzo de 1976 y se extendió hasta el regreso de la democracia en 1983, con el triunfo en elecciones de Raúl Alfonsín. El pasado 24 Marzo se conmemoró allí los 40 años del golpe militar. En el acto protocolar fue recordado el profesor Luis “Pato” Lacoste, oriundo de Lobos que fuera secuestrado de su casa y desaparecido por la dictadura. El docente se había desempeñado en la Escuela Secundaria de Roque Pérez.

En la plaza existe el Monumento al Che creado por el artista escultor Martín Sampallo. La obra que muestra la marcha del médico nacido en Rosario y artífice de la revolución cubana es una de las pocas representaciones que existen de Ernesto Guevara en Argentina.

El monumento fue visitado por Carlos ‘Calica’ Ferrer, que fue el entrañable amigo de infancia y de juventud que compartió en 1953 el segundo viaje con Ernesto Guevara por sudamérica. “En ese periplo fue que Ernesto empieza a transformarse en el revolucionario Che” contó Ferrer.

Yo conocí otra figura de Ernesto Guevara pero lo representa de niño. Esa obra está en la casa de su infancia en Alta Gracia, Córdoba. En ese contexto pude leer la última carta del Che a sus hijos:” … Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Al Che Guevara lo rebelaba la injusticia. Hoy se comete injusticia con su figura de cemento, a la que varias veces algún vecino le cercena las manos. ¿Alguna semejanza con la profanación de los restos de Perón, que yacen sin manos desde en 1987? Una mano de la estatua del Che señalaba el horizonte. Las manos de Perón dicen representaba su poder, su influencia sobre el pueblo. Volviendo a mi pueblo, Juan Domingo Perón había nacido en 1893 apenas más allá de la plaza Albarracín, claro que la plaza seguramente no existía. Aunque seguramente Juan Perón habrá cruzado siendo un niño las vías que existían desde 1884. Pero bueno esa ya es otra historia.