Charlas del corazón

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El Dr. Ignacio Elliff es el primer médico cardiólogo nacido en Roque Pérez. A los 38 años de edad ya tiene vasta experiencia y prestigio profesional. En una extensa charla hablamos de las principales afecciones del corazón y de la prevención, pero también de los pacientes, los mitos, la figura de Favaloro, la ciencia y de su actual vida en el campo en su casa de adobe.

En general tengo mucha admiración por los médicos, ellos tienen una proximidad al dolor, a la emergencia (que al común de las personas paraliza) y tarde o temprano a la muerte (que el común de las personas niega). Claro que el médico se va alimentando de las curaciones que realiza. Esa debe ser su mejor paga. Pero yo no puedo dejar de ver que lo otro existe.
En particular, Ignacio se ha ganado un respeto muy grande en nuestra comunidad. No sólo profesional, sino también por su cordialidad que es proverbial.
Fui a verlo con expectativas porque además podría conocer su amplia y hermosa casa construida en adobe! Lo encontré acompañado del siquiatra Conito Mc Cormick, razón por la cual la entrevista debió esperar pero la charla tomó caminos desconocidos de antemano.
Ignacio y Conito son descendientes de irlandeses. Y a su vez quien escribe y Conito descendemos de los Villa López. En el marco de esa familiaridad hablamos de antepasados comunes, de Juliana Gutiérrez y Pablo Villa que volvieron a Santander pero dejaron a su progenie en Roque Pérez, de un Mc Cormick que a pesar de ser gran tirador fue muerto en un duelo de pistolas, de que su matador festejó al año pero su hijo se atragantó y murió. Luego recordamos escritores irlandeses y argentinos. Cómo en toda charla amena, lejos del rigor, entreveramos al Ulises de Joyce con el Jacinto Chiclana de Borges. Me contaron también que en el bautismo irlandés todo el cuerpo se sumerge en agua menos el brazo derecho para que pueda alzar la copa y abrazar una hermosa muchacha. Aquella noche Ignacio y Conito ratificaron lo primero levantando varias copas de aperitivo Gancia.
Las casualidades existen para que ocurran –dijo Conito antes de partir-. Finalmente, cuando el jueves se volvía fría noche de viernes, Ignacio comenzaba recordando sus comienzos de médico en Roque Pérez:
“Me acuerdo perfectamente del primer día en el Hospital. Y de mi primera paciente, la madre de una colega. Al segundo día ya tenía quince citados! Por entonces atendía en La Plata y el viernes en Roque Pérez. Estaba muy bueno porque había mucho por hacer en cardiología. Luego la Dra. Alonso me invitó para hacer consultorio externo en CEDES y luego el Dr. Enrique Foffani me incorporó a su Clínica”.
“Me acuerdo cómo fue el ofrecimiento laboral –recuerda Ignacio- Vine a renovar el carnet de conductor y había faltado el cardiólogo Raúl Almada. Entonces Gotuzzo me dice “tenés que volver otro día porque no hay cardiólogo”. Yo soy cardiólogo -le dije-.”No te gustaría trabajar acá” Si, le contesté yo. “Bueno empezás a fin de mes” me dijo. Y eso no se olvida. Siempre le voy a tener gran aprecio porque me abrió las puertas. Lo mismo que la generación anterior de médicos cómo Foffani, Cardoso. Eso es invalorable”.
Ignacio, luego de su especialidad en Cardiología estudió la carrera de Diagnóstico por Imágenes, por la cual realiza Ecodoppler vascular. También es docente del Master de Ecodoppler en la Universidad Maimónides. Y luego realizó la especialización en Hipertensión.
“Es una carrera nueva que se dicta en la Universidad Austral -explica Ignacio-. La hipertensión es una patología prevalente, que la atienden los cardiólogos pero en el futuro la van a tratar los hipertensólogos. Entonces quise ser parte de la primera promoción de hipertensólogos, que terminamos la carrera a fines de 2008”.
“Actualmente viajo para aprender o para enseñar, pero sólo trabajo en Roque Pérez. También soy vicepresidente de la Sociedad de Cardiología de la Cuenca del Salado. Es una organización profesional donde tenemos actividad científica. Tenemos reuniones zonales donde hacemos presentación de casos clínicos y Congresos anuales. La actividad científica no tiene rédito económico pero nos permite relacionarnos con otros profesionales, viajar. El año pasado estuve en México con cardiólogos de todo el mundo, y eso es muy interesante”.

El avance de la cardiología
“Si nosotros tomamos la cardiología de hace 10 años y la actual se puede decir que ha cambiado totalmente. Cambiaron los métodos de diagnóstico. Por un lado para predecir la enfermedad coronaria a largo plazo. Antes nos ocupábamos de descubrir arterias tapadas antes de que ocurriera un infarto. Hoy tratamos de hacer diagnóstico para poder decirle a una persona si va a tener o no arterias tapadas dentro de diez años. Hay un gran desarrollo en la atención primaria, por ejemplo en el diagnóstico de laboratorio de análisis bioquímico y el diagnóstico por imágenes”.

¿Hay nuevas tecnologías en laboratorio?
“No necesariamente. Hay muchas cosas que estaban y no sabíamos que servían. Tanto en el laboratorio, como en el ecodoppler, como en los fármacos. Hay fármacos que ya usábamos y no sabíamos que eran tan útiles, y hay otros que ahora sabemos que eran contraproducentes y fueron eliminados”.

¿Habrá nuevos avances?
“Con seguridad. Así es la historia reciente de la medicina. Nos podemos remontar a la década del 50 con el primer cateterismo, a la primera angioplasma, a la primera cirugía cardiovascular no hace tanto tiempo. Ahora tenemos drogas que producen la regresión de la placa de ateroma! Estas drogas aparecieron desde el año 2000 en adelante. Esto es maravilloso porque antes tenías que abrirle el pecho al paciente. Ahora esta droga puede destapar las arterias. El futuro es promisorio. Lo que se viene es la vacuna contra la ateroesclerosis. Lo que se está buscando es lograr codificar a los linfocitos (que atacan las infecciones) para que actúen sobre la placa de ateroma. Esto parece ciencia ficción pero va a llegar. Conozco al grupo de trabajo de Argentina que está desarrollando esto. Son 10 o 12 grupos en el mundo que tienen su centro en Londres”.

Ya que tu especialidad es más cercana que otras al límite entre vida y muerte, ¿La relación con el paciente es más íntima?
“No sólo por ser cardiólogo sino también por ser “médico rural”. Estamos en un pueblo pequeño donde nos conocemos mucho. Aquí generalmente el paciente es probablemente un conocido y muchas veces un amigo. Entonces esto le da una carga mayor a la relación médico paciente. A diferencia de la ciudad, nosotros cómo médicos sabemos con que “bueyes aramos” y la desventaja es que le ponemos carga afectiva y en eso “se nos va la vida”. Pero en el balance prefiero la relación que existe en un pueblo como el nuestro. En la ciudad se cierra la puerta y la relación termina. En cambio en Roque Pérez la ficha es un simbolismo porque entra el paciente y yo conozco todo su problema”.

¿Cómo somos como pacientes?
“Al cardiólogo le gusta el paciente que viene sólo y no el que lo trae la mujer. En general la mujer viene sola y el hombre con su mujer. Eso es una constante. Nosotros queremos al paciente que de verdad está dispuesto a cambiar, por ejemplo, sus hábitos de vida.
Estuve en un Congreso en Suecia, y un cardiólogo, dueño de un centro cardiológico muy grande, me decía luego de escucharme hablar sobre Roque Pérez. “Ignacio esa es la cardiología lo que me hubiese gustado hacer a mí!” La relación con el paciente en una comunidad chica es impagable. Yo a su vez admiro al médico único de un pueblo que le toca atender desde un parto hasta un infarto. La super especialidad es buena pero tiene el riesgo de no poder ver al paciente en su conjunto”.

Cada consulta es un desafío
“Lo primero es determinar si el paciente tiene algo o no tiene nada. Si el paciente es sano hay que convencerlo de eso. Porque eso cura y lo contrario enferma. Es importante también convencer al sano de su salud. Sobre todo en cardiología donde el fantasma del cardiólogo es la muerte súbita”.

¿Es real el mito de la persona que sale muy bien de los chequeos y luego fallece?
“No es un mito, es una realidad, porque no existe la tasa de error cero. Tenemos que ir achicando el margen de error, haciendo diagnóstico, charlando con el paciente y aplicando los métodos que estén al alcance. Pero aunque sea del 1% el margen de error existe (acá y en la mejor clínica) y el paciente lo debe saber”.

¿Por qué se da la muerte súbita?
“Hay muchas causas. La muerte cardiaca se relaciona principalmente con la enfermedad coronaria o con la enfermedad arrítmica. A su vez la enfermedad coronaria se relaciona con factores modificables como hipertensión, colesterol, tabaquismo, sobrepeso, sedentarismo. Lo cierto es que se está observando que hay un grupo de pacientes que tienen muchos factores de riesgo y viven mucho y otro grupo chico, sin factores de riesgo, con eventos coronarios a temprana edad. Y la respuesta está en la genética. Hay factores protectores que se están estudiando para saber por qué hay personas de 90 años con colesterol alto y arterias limpitas y jóvenes con colesterol normal que tienen arterias con placas. La ingeniería genética nos va a poder dar respuestas para la prevención”.
“Tenemos que descubrir a los pacientes con bajo riesgo teórico y alto riesgo real. Porque la persona obesa, que no camina, fuma y es diabético sabe que tiene riesgo. El problema es el paciente que es deportista, que no tiene síntomas, tiene colesterol bajo y un día hace un infarto. Uno de los padres del aeróbic murió de muerte súbita. En la autopsia se le encontraron 3 lesiones coronarias y era un paciente que había hecho actividad física toda su vida. El desafío de la cardiología actual es identificar a las personas con bajo riesgo que van a tener un evento coronario”.

El riesgo del estrés
“Sabíamos que el estrés era importante pero ahora está incluido a las tablas de riesgo y es mucho más importante de lo que pensábamos. Quizá el más importante de todos!”

Consejos para cuidarse
“Una vida sana en todo sentido. Tener colesterol bajo, no fumar, no tener sobrepeso, hacer actividad física regular, mantener baja la presión arterial, si es diabético corregir esa variable. Todo esto ayuda mucho a bajar el riesgo vascular. El estrés es el factor más difícil de cambiar. Una pastillita no le va a sacar el estrés. Yo les digo a mis pacientes que el cambio debe venir de adentro hacia afuera.

¿Cuál es la patología mas frecuente?
“Lejos es la enfermedad coronaria y la vascular. Más de la mitad de la población del mundo se va a morir de una enfermedad vascular. Supera al cáncer, a los accidentes y a las guerras. Los principales son el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebro vascular. Hay que entender que cuando un paciente tiene una enfermedad coronaria su enfermedad no está limitada sólo a las arterias coronarias porque la enfermedad vascular no es selectiva. Si se manifiesta en un órgano seguramente los otros están afectados también.

¿Realmente el corazón es un órgano muy noble?
“Si entendemos por noble, trabajador, seguro que sí. Por algo le dicen el bobo, porque no descansa nunca. Produce 100 mil latidos por día. Cada vez que veo un holter me sorprendo. El cerebro es lo más importante. Pero si el corazón se detiene el cerebro en 3 minutos se muere.

¿Tenés críticas del sistema de salud en general?
“Daría para otra charla porque es un tema muy amplio. Seguro hay muchas falencias. Venimos de una medicina muy personalizada, de antaño, a una muy sofisticada y muy cara en la actualidad. A veces es poco eficiente por lo despersonalizada. Creo que el equilibrio entre la tecnología y la atención personalizada es lo ideal. Por ejemplo EE.UU. tiene un sistema de salud bastante quebrado. Tiene alta complejidad pero resultados relativos muchas veces. Yo digo, por ejemplo, que tenemos una eficiencia superior a Nueva York en el tiempo que transcurre desde el infarto hasta que se destapa la arteria. Lo ideal es que se realice en menos de una hora. Nosotros lo hacemos en 30 a 40 minutos. En Nueva York, sumando el traslado de la ambulancia lo hacen casi a las dos horas. Por eso nosotros tenemos menos chances de complicaciones”.

¿Si no tenemos dinero no accedemos a la mejor atención?
“Eso puede tener distintas lecturas. Si el paciente tiene obra social es cierto que enviarlo a hacerse un estudio es más simple. Si no es toda una tarea para el médico. Y si el paciente no tiene obra social el Estado realiza la atención con bastante solvencia.

La frase más cruda suele ser esta: “Si no tenés plata te morís”.
“A veces te morís con plata también. No, yo no veo el por qué. En realidad te morís de todas maneras. Seguramente sin plata tenés peor hotelería, las cosas son más engorrosas. Pero no te morís por no tener plata. Yo no veo eso”.

¿Qué hay hacer cuando alguien tiene un ataque?
“Lo primero es llamar a la asistencia, pedir auxilio. Si alguien tiene un síntoma y esta solo, lo primero es avisar.Yo también recibí ese mail que recomienda frente al dolor de pecho, alternadamente toser y respirar profundamente. Pero no hay evidencia científica de que eso sirva y la verdad no me parece. En Roque Pérez lo que hay que hacer es llamar al 107, dar la ubicación y dejar la puerta abierta”.

¿Y la gente que está alrededor que debe hacer?
Lo ideal, si hay pérdida de conocimiento, es una reanimación básica. Pero no todos están preparados. Esto es una falencia nuestra que debemos capacitar en RCP. Pero lo ideal es consultar al menor dolor y no esperar a tener un infarto en la casa”.

¿Cómo será tu carrera de aquí en más?
“El objetivo que yo persigo es tener cada vez más prevención y menos eventos súbitos. Sin una estadística clara igual lo puedo palpar: Al principio teníamos muchos eventos súbitos. Al cabo de diez años disminuyeron porque la prevención ha dado resultado. Le hemos bajado el colesterol a mucha gente, por ejemplo. Hacer prevención primaria y secundaria es el let motiv del cardiólogo. Y por supuesto quiero seguir haciendo docencia y especializándome”.

La figura de Favaloro
“Fue alguien que marcó un antes y un después en la cardiología. Favaloro, con la cirugía de bypass, cambia el pronóstico en el enfermo coronario. Favaloro es reconocido por ello en el mundo. También lo es el Dr. Palmás con la invención de la angioplasma con stend. Palmás es nacido en La Plata y trabaja en California. Dos argentinos, de La Plata, han modificado la historia de la cardiología mundial. Por Favaloro además admiramos su figura humanista. El generó escuela y permanecerá en el tiempo. Y tenía una personalidad muy interesante”.

¿En qué circunstancias lo conociste?
“Te podría decir que nos conocimos en calzoncillo! -se ríe-. En realidad nos cambiamos al mismo tiempo en el quirófano. Favaloro vino a La Plata a operar a una paciente mía. Yo fui temprano y el también. Entonces estuvimos charlando una hora y eso fue irrepetible. Me acuerdo de esa primera vez. Y la última vez también la recuerdo: en un Congreso en Rosario. Estaba en un rincón, sólo. Y me llamó mucho la atención que nadie estuviese charlando con él. Cuando falleció me enteré porque me llamó un paciente. Realmente fue una lástima”.

La casa de barro
“Surgió un poco por casualidad. María conoció un viernes a Carlos, que es un santiagueño excepcional, muy buena persona, que además es quien realizó la restauración del rancho de Perón. Yo lo conocí el sábado y el lunes comenzamos! Cuando la obra fue avanzando y vimos que iba a ser confortable y que a los chicos les gustaba mucho entonces decidimos quedarnos a vivir acá. Lo más interesante es que participamos activamente todos los integrantes de la familia en la decisión y en parte de la construcción. Y es muy especial la calidez de una casa construida con la tierra misma, rescatando la tradición de nuestros abuelos. Quisimos que no hubiera plástico: Acá hay tierra, madera y metal. Y además estoy en el campo donde nací”.
La casa es cálida, el anfitrión también. El “rancho” es una enorme L orientada hacia donde sale el sol. En la despensa, ex profeso, se puede ver una pared sin revocar, hecha de hermosos ladrillones de barro, paja y estiércol de caballo, asegurados por alambres. Los pisos alternan el cemento alisado en el star y pisos flotantes en los dormitorios. En la cocina hay un viejo mostrador de almacén. Aquí Ignacio está en contacto con el campo y eso le devuelve una paz que, según él mismo cuenta, estaba en riesgo cuando vivía junto al consultorio. Los cardiólogos también se estresan, rompen teléfonos, jarrones y recetas. Pero ahora se lo ve apacible. En el sillón de la galería, con el aire frío que llega directo desde las estrellas, enciende otro cigarrillo. Lo veo tranquilo, satisfecho. Hasta planea hacer una quinta, me cuenta. El celular sigue en silencio. Hoy ningún corazón llama.