Dom 3 Jul 2022

Historias Parroquiales

La historia de la iglesia es parte de la historia del pueblo y de la fe. Aquí presentamos algunos apuntes muy interesantes y otros incluso desconocidos.

Desde la construcción de los templos hasta la representación del Vía Crucis en cada Semana Santa. Desde los ranchos vicentinos hasta un diario parroquial donde se reclamaba por las manifestaciones públicas de los enamorados. Hitos y anécdotas de la Iglesia y la comunidad.

Iniciemos este recorrido histórico a fines del siglo diecinueve cuando se construye la primera Iglesia de Roque Pérez.

En 1898, las señoras Marcelina Ayerra de Espelosín, Antonia Villanueva de Echaren, Micaela Y. de Sierra y Lilia R. De Valcarlos recorrían el pueblo y la campaña en busca de donaciones para la obra. Entonces los sacerdotes de la parroquia de Saladillo viajaban hasta nuestro joven pueblo para administrar los sacramentos. Ya levantada la capilla, en 1899, fue nombrado el primer sacerdote, el Capellán Vicario Miguel Roig.

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El primer bautismo y la primera tumba

El 11 de noviembre de 1899 el sacerdote Miguel Roig realiza el primer bautismo en el nuevo templo (que hoy conocemos como capilla vieja). El niño bautizado fue Pedro hijo de Don Santos Roteta, natural de España y de Doña María Aguirreveverri, natural de Francia. Durante el mes de noviembre también fueron bautizados: Paulo Brecha, Rosa Mariana Rinaldesi, Angelo Taqui, Rafael Cóccaro, Julia Castellani, Pedro Víctor Juliodoro, Enrique Coltrinari, Serafina Monet y Juan Urbani.

El 26 de febrero de 1900 se realiza el primer casamiento. Contrajeron enlace Clemente Giordani y Teresa Martini.

El cementerio local fue bendecido por el cura Miguel Roig el 7 de julio de 1904. Dos días después el padre Roig falleció y ocupó la primera tumba.

 

El asilo criollo

En 1939 los fieles de la Conferencia de San Vicente de Paul presididos por Julio Ruiz Larrinaga y Arturo Rivas Barbosa se abocaron con la ayuda de la comunidad a la construcción de siete ranchos para socorrer a los ancianos desvalidos. El municipio, la comisión de San Antonio, el club Unión y el club Olimpo costearon un rancho por institución.

Los terrenos sobre calle Berro (junto al último paso a nivel del ferrocarril) fueron donados por el municipio. Entonces el intendente era Anselmo Sierra. El lugar era llamado asilo criollo y en muchos casos los vicentinos entregaban alimentos y ropas. En el predio se plantaron más de doscientos árboles de cítricos que habían sido donados y se levantaron los ranchos con palos de acacio blanco, chapas de zinc y paja de lino.

 

El nuevo templo

En 1927 el cura italiano Francisco Masobrio (había sido ordenado sacerdote en Alessandría, Piamonte, en 1909) es designado párroco y propone a la comunidad la construcción de un nuevo templo. Con este fin se constituye una comisión presidida por Juan Espelosín y Pedro Tarigo y una comisión femenina presidida por María T. De Velazco, Juana T. de Larrea y Luisa Caredio como tesorera y secretaria.

El 31 de marzo de 1929 se coloca la piedra fundamental del nuevo templo, donada por María Lascoity de Gourría, y se venden 500 medallas conmemorativas para recaudar fondos.

“Marie Lascoity y Augusto Gourría eran mis bisabuelos -cuenta Julia Gourria- Ambos eran vascos franceses que llegaron a Argentina y trabajaron en la Estancia La Concepción. Luego mi abuelo Calixto Augusto Gourria (que tuvo su herrería y carpintería en el taller de mi papá Augusto) realizó una cruz de madera que tiene a Cristo y está en el lateral izquierdo de la iglesia. Dentro de la Cruz, donde se unen las tablas, mi abuelo puso un papel con el sobrenombre de sus hijos: Chichi y Mimi (mis tías) y Pipí, mi papá” nos revela Julia Gourría.

El 18 de noviembre de 1929 comenzaba la obra del templo de acuerdo al proyecto del Arq. Carlos Masa. Los constructores fueron Domingo Grossi en primer lugar y más tarde Cosme Brinch.

En 1931 se termina de techar el nuevo templo y en 1936 es inaugurado. Recién en 1940 se logra finalizar la construcción de la torre. El constructor fue Juan Bianchi.

La Comisión de San Antonio dona el altar de San Antonio de Padua. Las columnas de los nichos son de mármol de Etiopía que una casa importadora de Bs. As. recibió como primera remesa del Estado italiano a Argentina durante la Segunda Guerra Mundial.

Guía Número 18 – Agosto 2000

En 1946 se coloca la placa recordatoria del 10º aniversario de la inauguración del templo y del gran desempeño de Mercedes Elizalde de Blaquier en la obra. El costo total del templo fue de 151.307 pesos. El balance final indica que la comunidad aportó 75.307, La Sra. Blaquier 71.000 y el gobierno provincial 5.000 pesos. La comunidad donó animales para remate, cereales, dinero y trabajo. Pedro Coltrinari había donado cien mil ladrillos. Fue una obra inmensa, digna de un pueblo unido.

Besos en la plaza

Desde los años 30 la parroquia tuvo su propio diario llamado Voz Amiga. Un artículo de abril de 1961 se quejaba de algo que no era “un secreto para nadie, por lo menos para quienes tienen ojos y pueden observar las ridículas escenas de ciertas parejas que a plena luz del sol se solazan tiernamente retozando en lugares de tránsito obligado, hiriendo la sensibilidad de los niños…» El firmante, Padre Francisco Bondio, reclamaba el control de las autoridades y de los padres.

El viejo púlpito

Hasta la década del 80 existió, junto a una columna a la izquierda de la nave central un púlpito de mármol. El Padre Juan C. Ormazabal hizo desarmar el púlpito y con su mármol se realizó el nuevo altar, el ambón (donde se lee la palabra de Dios) y la base de la pila bautismal.

El Vía Crucis

En 1984 comienza a realizarse el Vía Crucis viviente. Fue una iniciativa del padre Jesús Artigot que había llegado ese año de Benito Juárez. El Vía Crucis congrega todos los años una gran cantidad de fieles.

El papel de Cristo ha sido interpretado por Federico Olmos, Carlos Gianfelice, Lucas Pierini y desde hace nada menos que veinte y siete años por Alejandro Cova. Atilio Amico nos relató que “en los primeros Vía Crucis, la gente no estaba acostumbrada a la representación, entonces asistiendo a la vía dolorosa de Jesús, realmente lloraba”.

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