Lun 30 Nov 2020

¿Seremos los últimos canillitas?

“¡La Razón! ¡El Día! ¡La Razón!” voceaba el niño vendedor de diarios creado por Florencio Sánchez en su obra “Canillita” de 1902. “Soy canillita, gran personaje, con poca guita y muy mal traje. …soy vivaracho, y aunque cuentero, no mal muchacho”. El nombre del chiquito que vendía diarios para ayudar a su familia, con los años fue adoptado por todos los vendedores y repartidores de diarios.

 

Cuántos muchachos tuvieron su primer trabajo de canillita. Aquí y allá, en el Montevideo de Florencio Sánchez, en Buenos Aires y en Roque Pérez también. Con su fajo de diarios y su bicicleta contra el viento. ¡Allá van los canillitas! ¡Cuidado con el perro! ¡Qué no se terminen las noticias!

Allá van los canillitas, salen raudos de El Coloso de Chiapella, de El Coloso de los Burgio. O del local de “Patrigani”. ¿Existirían los canillitas en la época de Lahargou y su diario Juvenilia?

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“Gracias a mi trabajo de canillita pude pagar mi viaje de egresado a Bariloche” me cuenta Marcos Molina, canillita de El Coloso. “Estuve mucho tiempo… desde 1999 a 2006. Hacía el reparto en bici. Si había un temporal muy fuerte salíamos en la camioneta con Carlos Burgio -recuerda Marcos-.

“Empezábamos a las 6:30 con Carlos y Graciela Elliff, armando los diarios con su suplementos o revistas que venían aparte, y después salía a repartir -recuerda Marcos -. Iba a las cuatro puntas del pueblo. Terminaba de repartir y a las 7:45 me bañaba y me iba al secundario. ¡En alguna clase me quedaba dormido! Cuando salíamos a bailar, me esperaba Carlos y Gladys con un café con leche, desayunaba y salía a repartir”.

“Empecé a los 8, 9 años vendiendo el diario La Mañana – me cuenta Maxi Garabento -. Esperábamos que llegara el Expreso Liniers y salía a vender el diario a pie por los barrios. Después también se sumó mi hermano Matías. Nos servía para nuestros gastos y le podíamos comprar algún regalito a mi hermana que era más chiquita”.

“Repartí hasta el año 1997 y a veces, hasta 2003, cuando le faltaba alguien a Burgio. También fui vendedor de diarios en la terminal y en la estación de servicio de la punta. He andado mucho con los diarios. Y fue algo muy lindo de hacer. Muchas veces la gente te esperaba con un mate, yo tengo lindos recuerdos de esa época” contó Maxi Garabento.

“Un día nos trepamos a un camión de galletitas porque estábamos cansados – recuerda Maxi- . Cuando iba a pasar delante de la comisaria me tiré para que no me vieran. ¡Me quebré la clavícula! A mi mamá le dije que me había chocado una columna, pero enseguida conoció la verdad”.

“Con Carlos Burgio empecé a los 15 años -recuerda Maxi-. A 6 de la mañana armábamos los diarios y salíamos. Más tarde hacíamos el reparto de las revistas. El día más complicado era el domingo porque se vendían más diarios y los diarios pesaban más por los suplementos. Cuando salíamos a bailar, después repartíamos sin dormir. Una madrugada puse la pava y me fui a dar una ducha. Gracias a que me encontró mi mamá dormido bajo el agua, llegué a hacer el reparto”.

“Arranqué haciendo el reparto a Gina Burgio – cuenta Marce Giovanelli -. Repartía unos 60 diarios Clarín y después El Popular. Y el domingo repartía el doble. Yo tenía 14 años, era el año 1985. También vendía en la calle. Los municipales me lo pedían para ver la quiniela. Salía en la bici de paseo, pesada, el paquete atrás y el canasto adelante.

“Después, vendía diarios en el puesto de chapa de Safari Belleza, en la esquina de Elordi y Mitre -cuenta Marcelo Giovanelli-. Vendía muchos diarios. A los 16 empecé de Disc Jockey con Kaco Rodríguez y dejé los diarios” recordó Marcelo.

Hablando de puestos de diarios, en el puesto de chapa que había en el hotel España podías comprar el diario para leer en el viaje o ¡mirar gratis los titulares! El puesto lo atendía el matrimonio Osvaldo Moreno y Olga Chiffel. “Mi papá hacía de todo – recuerda Ruben Francisco Moreno -, trabajaba de ordenanza en Banco Nación con Julio Couture. Y a la tarde, en los años 90, atendía con mi mamá el puesto de diarios y revistas de Chiapella. Entonces hacía algunos repartos de diarios en bicicleta”.

El recordado Osvaldo Moreno vendía diarios y revistas frente al Hotel España.

Ventas de diarios. Recordamos a Marta Galloti de Falvella y su surtido de revistas, infaltable El Popular en la agencia de Mc Cormick, los diarios de Patrigani, diarios locales en Video Friends y tantos lugares de hace tiempo. Pero hay uno permanente, ¡es El Coloso!

La historia de “El Coloso”

José Chiapella fue el fundador de El Coloso en los años 40. Aquí con su carnet de agente de La Nación.

Medalla conmemorativa recibida por José Chiapella para el centenario del diario La Nación

“Mi padre José Chiapella inició El Coloso por los años 40 – cuenta Mimí Chiapella-. Él era el agenciero de Roque Pérez, empezó de joven, a los 22 años. Mi padre vendía el Clarin y Felix Pietrafesa vendía La Nación. Entonces la gente no te compraba sólo una revista, te compraba dos o tres. Fueron épocas de oro. Existían todos los clubes de campo y mi papá les vendía todas las camisetas, las pelotas y los trofeos. Tenía librería y juguetería, había de todo. Para navidad y reyes tenía abierto hasta las 4 de la mañana”.

“Tuvo muchos canillitas, muchos chicos que le repartían el diario como los chicos de Cardelino, Patichotti (Duarte), Martín Iribarne. Algunos repartidores hasta dormían acá en casa -recordó “Conservo la medalla que le envió el diario La Nación. Se vendía muy bien, realmente era una época de oro.”

“En el año 1982 le compré El Coloso al Dr. Hugo Oreja -recuerda Gina Burgio-. Después en 1986 se sumó mi hermano Carlos. Estuve en el negocio hasta el año 2000. ¡Pasé una época tan feliz en El Coloso! Ahí realmente encontré mi lugar, me sentí yo misma. De pronto, estaba en un ámbito cultural, con diarios y revistas, ¡en comunicación con mucha gente! Pensá que yo ya tenía 38 años y había sido siempre ama de casa”. “Mi primer canillita fue José Luis Fassi -cuenta Gina-. Después también Jorgito Molina, Tucho Meca, Maxi y Matías Garabento”.

“Muchos chicos fueron canillitas en El Coloso – cuenta Carlos Burgio-. Como Maxi Gababento, Marcelo Giovanelli, Marcos Molina, Beto Villar y su hijo Coli Villar. Fernando Benítez, fue muchos años nuestro canillita. También Diego Redín. A principios de los años 80, los domingos se vendían 250 diarios Clarín y 100 diarios La Nación. Salían los canillitas con los canastos llenos y volvían a reponer. En aquellos años -recuerda Carlos- un día domingo había un movimiento impresionante. Y el canillita era muy importante porque la gente esperaba el diario en su casa, era una costumbre. Había que hacer el reparto con mucha responsabilidad porque la gente esperaba el diario para desayunar. ¡Muchas veces tuve que salir a repartir el diario -recuerda Carlos Burgio- por algún canillita que se había dormido! Pero yo era canillita de lujo, salía en la camioneta”.

“Lo más importante del canillita es la perseverancia porque hay que madrugar. Y la responsabilidad, porque el diario tenía que llegar, y de la mejor manera, sin arrugas y ¡sin que se lo coma el perro!”

”Nosotros éramos distribuidores -explica Carlos Burgio- y había comercios que abastecíamos como los kioscos de la punta y de la terminal, Marcelo Rinaldi y Falvella. Tuvimos El Coloso más de 25 años, y Graciela Maria Elliff estuvo ¡17 años con nosotros!”

Y 80 años después sigue El Coloso su historia, desde 2010 sus propietarios son Karina Ferreyra y Rafael Dinezio. “Para mí fue una actividad que tuve que aprender, lo mío es traer bebés al mundo -dice Karina- pero es una tarea muy linda la venta de diarios. Nosotros tenemos una parte de los clientes que son jóvenes y leen diarios y revistas. Y la gente mayor también. Muchos esperan el diario así que la tarea de los canillitas es muy importante.”

“Nosotros tuvimos a Cachanovsky y a Juan Huerta como repartidores – cuenta Karina Ferreyra-. Y hace un par de años dos canillitas que son matrimonio, Jorge Salvatierra y Ana Boglioti. Y estamos muy contentos con ellos porque son muy responsables. Eso es lo más importante. El diario tiene que llegar a tiempo. Hay gente que te dice que si el diario llega a las 12 las noticias ya son viejas”.

Jorge Salvatierra y Ana Boglioti, actuales canillitas de El Coloso

“Lo más vendido es El Popular, después Clarín – cuenta Karina Ferreyra-. Yo siempre digo que tenemos que portarnos bien porque si no salimos en los diarios y yo ¡los tengo que vender!”

 

Recuerdos de canillita

“Repartir diarios fue una experiencia, pero no me gustaba madrugar -dice Marcelo Giovanelli-. Pero aprovechaba para mirar las contratapas de El Popular, ¡las chicas de Explotó el verano!, las Paturuzito y la revista Lupín. Antes se trabajaba de chico. Mi primer trabajo fue en un restorante en lo Dure, en calle Mitre”.

“Una vez fuimos a vender diarios a una jineteada en Los Baguales -recuerda Maxi Garabento-. Empezamos a gastar la plata de nuestra ganancia en la kermes. Y nos entusiasmamos tanto que también ¡gastamos la plata de los diarios! Después le tuvimos que decir a Jorge Garavento ¡qué habíamos perdido todo! me quedan muchos recuerdos. Salir temprano a repartir, pasar por la panadería de Santiago, encontrar a Beto Villar y otros empleados que nos convidaban con alguna factura. Fue una actividad muy linda, de las que más me gustó hacer”.

“Fue una muy linda la experiencia que viví, conocí a la familia Burgio, ellos me abrieron su puerta -dice Marcos Molina-. Y conocí a muchas familias en el reparto. Me acuerdo para el día del canillita en el Mayoral me esperaban con café y facturas. Y muchos clientes también, te esperaban el día de lluvia con un café. Tantos años, terminás siendo amigo de los clientes. El de canillita fue mi primer trabajo y lo recuerdo siempre”.

Cómo editor de La Guía de Roque Pérez tengo que contar que esta publicación tuvo sus propios canillitas, dejando en cada puerta nuestra publicación gratuita. Los de mayor trayectoria han sido Juan Pablo Riccetti, Marquitos Dinezio, Eugenia Caimi , Mauro Grasetti y Pachi Almada Ismael.

Canillitas de fierro, lo puedo asegurar porque estuve en las dos puntas del carretel, escribiendo las notas y repartiendo la revista, he sido canillita junto a ellos. La satisfacción más grande es entregar en la mano y recibir una sonrisa.

¿Seremos los últimos canillitas? Maxi Garabento me dijo que alguna vez tiraba el diario y se escuchaba que caía sobre el agua. Nos ha pasado, canillitas. Pero por cada diario que cae sobre un techo y no será leído, por cada nota que cae en el olvido, hay miles de diarios y noticias que seguirán llegando.

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