Dom 3 Jul 2022

El misterio del retablo de Roque Pérez

Algunas preguntas y nuevas revelaciones sobre la obra artística más antigua que posee nuestra ciudad.

 

¿Quién construyó el histórico altar de la iglesia que perteneció a la Catedral? ¿A quién estaba consagrado? ¿Qué significan los símbolos “masónicos” de la escuadra y el compás y otras iconografías de la obra?

La Guía de Roque Pérez presenta una investigación que busca revelar la desconocida y atrapante historia del retablo de San Juan Bautista.

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Hace muchos años, en la secretaría de la parroquia de Roque Pérez -gracias a la colaboración del padre Fabián Gerez-, pude leer un viejo libro de actas. Algunas páginas las había completado desde los años 30 el sacerdote Francisco Massobrio con los acontecimientos de la congregación. En una anotación de 1943 el cura italiano contaba que se había restaurado el retablo de la iglesia y agregaba que era muy antiguo ya que había pertenecido a la Catedral de Buenos Aires.

Estos datos y la particular fisonomía del retablo me llevaron por años a preguntarme por su verdadera historia. Esta curiosidad me hizo volver varias veces al pie del antiguo altar de madera, observar sus detalles desde muchos ángulos, a leer bibliografía sobre arte colonial y retablos y a dialogar con sacerdotes y especialistas.

El retablo y altar adosado fue enviado a Roque Pérez en 1899 para presidir las ceremonias religiosas en la primera capilla construida ese año en el pueblo. En 1936 se desarmó completamente para poder pasarlo por el portal y para emplazarlo en la iglesia nueva donde se halla desde entonces.

Esta es la historia conocida del retablo en la iglesia local. Pero esta obra tiene una historia anterior por lo menos dos veces centenaria.

 

Qué es un retablo

El retro tabula, o “detrás de la mesa” era inicialmente un lugar para contener las reliquias sobre el altar. Desde la Edad Media evolucionó sumando a su estructura pinturas e imágenes artísticas, monumentalidad y una función narrativa. El retablo se convirtió en un mueble litúrgico muy importante junto con el altar.

Antiguamente el altar estaba adosado al retablo y el sacerdote daba la misa de espalda a los fieles. Pero esto cambió a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) que entre otras reformas decidió que la misa ya no se diera en latín y que el sacerdote la celebrara de frente a los creyentes. Entonces el altar de adelanta y se separa del retablo. En muchas iglesias modernas el retablo ya no existe y en cambio puede haber una imagen del patrono o una cruz.

 

El retablo de San Juan Bautista

El retablo de la iglesia de Roque Pérez es de los llamados de una sola calle. Ya que tiene un solo nicho para la imagen del patrono.

Cuando el retablo llegó al pueblo, en el nicho se colocó la imagen de San Juan Bautista por ser el patrono de nuestra localidad. Pero el retablo estaba consagrado a otro santo, que hasta hoy no conocemos, aunque intentaremos descubrir.

El retablo de nuestra Iglesia es de estilo neoclásico. Es de madera (probablemente cedro paraguayo) pintada con detalles dorados. El color de los planos es entre marfil y ocre claro y el de las columnas y el nicho es verde, ambos marmoleados. Estos colores no son los originales del retablo ya que fue repintado en el siglo XX.

Tiene cuatro columnas de orden jónico con su característico capitel con ábaco y volutas sobre las que se alinean, por encima de la cornisa, cuatro copones.

Entre las columnas hay dos guirnaldas verticales. Son relieves dorados con motivos florales y hojas que en su centro destacan reglas, escuadra y compás.   Delante del banco (base del retablo) se halla el altar adosado.

En el centro del vitral una pirámide encierra la estrella de Belén. La estrella de ocho puntas representa la luz que guió a los Reyes Magos al nacimiento de Jesús.

El ático o parte superior tiene por centro un rosetón de forma oval, demarcado por una guirnalda de laureles.  Al interior, un vitral tiene por centro una pirámide que contiene una estrella de Belén (estrella de ocho puntas). De la pirámide se desprenden veinte rayos blancos y morados sobre un fondo azul.

El ático semicircular termina en un remate o cresta rocalla, único elemento rococó en el retablo de estilo neoclásico caracterizado por la austeridad de recursos y las líneas rectas.

 

Rumbo a la primera revelación: El autor del retablo

La primera línea de investigación se basó en que, si el retablo había pertenecido a la Catedral, quizá otros retablos del templo mayor de Buenos Aires tuvieran algo que decirnos sobre el altar de la iglesia de Roque Pérez.

El retablo mayor de la Catedral fue realizado por el tallista y constructor Isidro Lorea antes de 1774. Es de estilo barroco, muy ornamentado y de grandes dimensiones. Lorea era de Navarra y desde que se radicó en Bs As hizo varias obras litúrgicas y en su taller de carpintería enseñaba el oficio a otros artesanos.  Vivía en la zona de la actual plaza Lorea y en su terreno se detenían las carretas. En 1807 defendió su hogar del ataque de las invasiones inglesas pero las heridas sufridas por las bayonetas terminaron con su vida y con la de su esposa.

Los retablos de la Catedral y de otros templos fueron estudiados varias décadas atrás por el mayor especialista argentino en arte colonial: el profesor Héctor Schenone (1919-2014).

Este reconocido investigador determinó en 1948 la autoría de los retablos de las más antiguas iglesias de Buenos Aires.

En su estudio Schenone concluyó que los retablos dedicados a Santiago Apostol y la Virgen de Covadonga de la iglesia San Ignacio y el de San Martin de Tours y los dos pulpitos de la Catedral, eran obra de Juan Antonio Gaspar Hernández, un tallista nacido en Valladolid que vivió en los cuartos de Lorea y fue su aprendiz.

Según Schenone los púlpitos de la catedral fueron realizados por Hernández antes de 1790. Son de líneas muy simples -explica-, probablemente encargados así porque, la Iglesia tenía escases de fondos después de la dilatada construcción del templo.

Los retablos que Hernández construyó para la Catedral y para la Iglesia San Ignacio de Loyola (las mas antigua de Bs. As.) a fines del siglo XVIII dejaban atrás el barroco y satisfacían la demanda de un diseño “a la moderna” que solicitaban entonces las cofradías y hermandades. Las líneas rectas y la sobriedad del planteo remitían al clasicismo.

“La talla, los elementos decorativos utilizados y el aún el mismo espíritu de las obras delatan la mano de Juan Antonio Hernández. El artista Vallisoletano se delata en el conjunto y en el detalle” escribía Schenone comparando los trabajos del tallista.

Entre otros elementos Schenone destacaba en las obras, las mismas ramas de laurel en los retablos de la virgen de Covadonga, en el de Santiago Apóstol y en los púlpitos.

Y adivinen ¿dónde más hallamos el clasicismo, las líneas rectas, la sobriedad y los detalles de laureles? En el retablo de San Juan Bautista en Roque Pérez.

Incluso más, el nicho único, las columnas jónicas y los copones se repiten. Por ejemplo, los copones del retablo de San Juan son casi idénticos a los de San Martín de Tours en la Catedral.

 

Flores de autor

Pero eso no es todo. Hay algo que distingue las obras de Hernández. Se trata de las guirnaldas de flores, sobre todo de rosas. En la iconografía católica las rosas son el símbolo de la pureza de la Virgen.

En el trabajo “Los retablos de La Catedral” el profesor de la UBA, Ricardo González analiza las obras de Hernández. Entonces consulté al investigador: “El retablo es del siglo XIX, quizás de comienzos y tiene el estilo del retablista de la Catedral, Juan Antonio Gaspar Hernández -respondió González cuando le envié mis fotos-. Las cintas y los festones de rosas son característicos (bastante realistas) y parecen los que hacía Hernández. Pueden representar a María aunque a menudo son solo ornamentales”.

Este detalle floral abrió otra vía de confirmación. La búsqueda de las flores representadas en los retablos y púlpitos me permitió descubrir en fotos y en visitas a los templos, otra singularidad. Las guirnaldas son prácticamente una firma del tallista Hernández: Están formadas de capullos de rosas y flores de rosa silvestre u otra flor de cinco pétalos. Los primeros cristianos habían relacionado los cinco pétalos de la rosa con las cinco llagas de Cristo. Hernández también incluía en la composición, hojas de cardo o laurel.

Las guirnaldas de rosas, dispuestas en forma vertical en el retablo de Roque Pérez, aparecen en los púlpitos y en el retablo de San Martin de Tours, (Catedral), también en el de Santa Bárbara (Basílica Nuestra Señora de La Merced) y en el de San Luis Gonzaga (Iglesia San Ignacio de Loyola)

Y también aparecen los mismos capullos de rosas intercalados con rosas silvestres en el púlpito encargado por Manuel Belgrano a Gaspar Hernández en 1805 para la Iglesia Nuestra Señora de Belén (hoy Parroquia San Pedro Telmo). El púlpito presenta un relieve del escudo de la Orden Betlemita, a cargo de la iglesia luego de la expulsión de los Jesuitas.

 

Quién fue Gaspar Hernández

Juan Antonio Gaspar Hernández había nacido en 1750 en Villanueva del Duero, un pequeño pueblo de Valladolid. Se cree que llegó a Buenos Aires en 1772. Aprendió el oficio de tallista y los secretos de la madera en el taller del vasco Isidro Lorea y fue su colaborador. Incluso se considera que algunos paneles del retablo mayor de la Catedral, obra de Lorea, fueron confeccionados por Gaspar Hernández en 1790.

En adelante realizó una serie de retablos, púlpitos para las más antiguas iglesias de Buenos Aires. El altar de Santiago Apóstol, en San Ignacio, es probablemente su obra más interesante como retablista -escribió Héctor H. Schenone en la obra Historia General del Arte en la Argentina-. También hizo varias esculturas. La que se considera más valiosa, es la Inmaculada Concepción de la Virgen María del retablo mayor de la Catedral de Bs. As.

Manuel Belgrano promovió a Hernández para dirigir la primera Escuela de Dibujo del país. En 1799 el artesano español se presentó a la Junta de Gobierno del Real Consulado como profesor de escultura, arquitectura y adornista. Juntos, el tallista y Belgrano elaboraron el presupuesto de funcionamiento y un reglamento que aceptaba cómo alumnos a blancos e indios netos, no así a negros. La Escuela fue aprobada, pero funcionó por breve tiempo hasta el año 1800.

Por esos años Hernández hizo un proyecto de recova y en 1811 asesoró a la Junta de gobierno sobre los materiales de la Pirámide de Mayo, que en realidad es un obelisco y que por su consejo se hizo de adobe cocido en vez de yeso.

Sobre el final del escultor y retablista Juan Antonio Gaspar Hernández sólo se sabe que murió en Buenos Aires en 1821.

 

Púlpito realizado por Gaspar Hernández, donado por Manuel Belgrano a la Iglesia de San Telmo

La antigüedad del retablo de San Juan       

El fallecimiento del tallista Gaspar Hernández en 1821 nos indica que el retablo tiene ¡más de 200 años! Pero además sabemos que el artesano realizó sus obras conocidas entre 1772 y 1805. Y su “firma de autor”, sus guirnaldas con capullos de rosas y flores silvestres las usó en los púlpitos de la Catedral de 1790 y en el de San Pedro Telmo en 1805. Además, los retablos de Hernández fueron realizados entre 1788 (San Ramón para La Merced) y el 1800 (retablo de Nta Señora de Covadonga en Catedral).

Por estas referencias podemos suponer que el retablo de San Juan Bautista tiene alrededor de 220 años. Si realmente estuvo dentro de una capilla testera de la Catedral, su realización podría ser cercana a 1791 fecha en que se inauguró el interior del templo con una procesión de San Martín de Tours, patrono de la ciudad y cuyo retablo también es un trabajo de Hernández.

Catedral Metropolitana de Buenos Aires

Una hipótesis

El vitral del retablo de San Juan Bautista también habilita otra conjetura. Su centro se eleva a unos cinco metros de altura, la misma altura de las pequeñas ventanas laterales de la Iglesia de San Ignacio, sede de la Catedral hasta 1791.

La investigación de Schenone cuenta que desde 1767 con la expulsión de los jesuitas, las iglesias de Belén (San Telmo) y San Ignacio perdieron bienes como alhajas y altares. Estos fueron administrados por la Junta de Temporalidades y se entregaron en favor de otras capillas.

Iglesia San Ignacio de Loyola, Buenos Aires.

 

Esto es sugestivo para la historia del retablo de Roque Pérez. Tiene el estilo de Hernández, pero por su menor tamaño y complejidad el retablo se hermana más a los que el español realizó para la iglesia San Ignacio que a los realizados para la Catedral.

Quizá el retablo había pertenecido a la Catedral pero no construido originalmente para el templo mayor. La misma Catedral había tenidos necesidad de retablos para los oficios por lo que solicitó en 1784 se le enviasen los de la Iglesia del Real Colegio San Carlos (que había sido de los jesuitas) para ser usados para las imágenes de San Martín de Tours y de Nuestra Señora de los Dolores.

 

Quien lo mandó a construir

A fines del siglo XVIII existían más de 30 cofradías y hermandades que devocionaban a una virgen o a un santo. Muchas de estas cofradías estaban integradas por españoles pero las había de todos los sectores sociales incluidas las cofradías de negros y de indios.

Las cofradías se encargaban de la caridad, de brindar servicios hospitalarios y de los enterramientos. Entonces no existían los cementerios públicos y los cófrades, sobre todo los que testaban a favor de la cofradía o de la parroquia, aspiraban a ser enterrados intramuros, delante del altar de su santo.

Estas cofradías encargaban los retablos para los oficios religiosos que realizaban en los lugares que se les asignaba dentro de los templos. Es probable que el retablo de San Juan Bautista haya sido encargado al tallista por una cofradía o por el obispo de la catedral. Viendo la complejidad del retablo, más modesta que otros del autor, parecería una obra originada en un encargo de una cofradía de fines del siglo XVIII.

Otra obra de Hernández: Retablo de Santiago Apostol, Iglesia San Ignacio.

 

Los símbolos masónicos

Durante muchos años nos preguntamos por qué un retablo católico lucía la escuadra y el compás. En el obraje de las catedrales medievales, había surgido la masonería operativa para cuidar los secretos constructivos. Luego la masonería, ya simbólica, se organizó en logias para perseguir desde fines filantrópicos hasta políticos, cómo es el caso de la Logia Lautaro, creada para conquistar la independencia americana. Por aquellos constructores medievales, las herramientas de los arquitectos pasaron a ser el símbolo de la masonería.

Las sociedades secretas aceptaban hombres de cualquier credo y pronto la Iglesia se sintió amenazada. Además, la masonería apoyaba las causas liberales por lo cual tenía su componente anticlerical. En 1738 La Iglesia prohibió a sus fieles integrar la masonería con la bula papal de Clemente XII.

A Buenos Aires habría llegado la masonería por civiles españoles y franceses a fines del siglo XVIII. Luego de la mano de soldados ingleses durante las invasiones. Antes, el montevideano Julián Álvarez formó la logia Independencia en 1795 que fue la semilla de la Logia Lautaro integrada por militares desde 1812.

Pero la razón de los símbolos de la escuadra y el compás en el retablo no la hallaremos en la historia de la independencia, aunque haya habido muchos militares e incluso algunos frailes masones.

Miremos la fisonomía del real símbolo masón y su significado: La escuadra simboliza la rectitud en las acciones y la razón. También representa el mundo material. Por eso su ángulo apunta a la tierra. El compás simboliza, la eternidad, la creación y la Sabiduría Eterna.  Por eso el vértice del compás apunta hacia el cielo y los masones dicen que deben hacer equilibrio entre la escuadra y el compás.

En el centro del símbolo suele verse la letra G, atribuida a Geometría, también a God (Dios) y sobre todo a la idea de Gran Arquitecto del Universo (GADU). El edificio de La biblioteca Caponi de Lobos pertenecía a una logia y tiene en su frente, un símbolo masónico fiel a estas características.

En cambio, los símbolos del retablo de Roque Pérez no tienen esta configuración.  Ni el compás señala el cielo ni la escuadra señala la tierra.

 

José Carpintero

Recurriendo a la iconografía de los santos podemos ver que las herramientas de carpintero son los atributos de San José.

El padre adoptivo de Jesús era “Fabri” (artesano) según San Mateo. La iglesia acordó que era carpintero. La devoción a San José creció muy tardíamente, a finales del siglo XVI y en España fue promovida por Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden de las Carmelitas.

El taller de Nazaret. Obra de Juan del CASTILLO hacia 1630. Se aprecia un compás y otras herramientas.

Entonces los más grandes artistas pintaban en sus telas a la Sagrada familia en el taller de Nazaret. Según el pintor Francisco Pacheco en su Tratado de pintura se lo representaba a San José con “algunas herramientas de su oficio … todo atado con un cordel”. Así es en el retablo de Roque Pérez: Las reglas y el compás están atados por una cinta o cordel.

Otro indicio: Hernández había realizado un retablo de San José que hoy se encuentra en la Iglesia San Ignacio de Loyola. En los paneles, el escultor apeló al simbolismo de las labores de San José como carpintero. En un panel el español talló pliegos, regla y compás.

La sagrada familia del pajarito, obra de Murillo (1650). El artista pintó las herramientas de José.

 

La vara florida

Mirando el retablo hay un importante detalle que puede escapar a la vista, porque por delante hay gran sillón de madera que no nos deja ver otro relieve dorado que talló Hernández.

Se trata de una cabeza alada, un ángel con dos varas floridas cruzadas por detrás. La vara izquierda tiene dos flores lirio. Esta flor, también denominada azucena, representa la pureza y la virginidad de María. Pero además es un símbolo que evoca la leyenda sobre la elección de José para cuidar de la virgen y el Mesías.

Los evangelios apócrifos cuentan que María de sólo 12 o 14 años estaba en oración y oyó una voz con la profecía de Isaías: “Un brote saldrá del tronco de Jesé, un vástago surgirá de sus raíces. Sobre él reposará el Espíritu de Yavé”. El sacerdote entonces mandó a llamar a los solteros y viudos de las doce tribus de David. Todos asistieron con varas. Milagrosamente solo floreció la vara de José con unas blanquísimas flores, al tiempo que voló sobre ella una paloma nívea. Así fue elegido José para cuidar a la Virgen María y Jesús.

Desde la contrareforma se negó que José haya querido esconder la vara por ser anciano, se lo empezó a representar joven y la vara florida se resignificó como atributo de la pureza de José.

 

Una antigua obra y una vieja postal

El retablo de Roque Pérez quizá fue realizado para devocionar a San José o a la Sagrada Familia. Ahora estamos seguros que es muy antiguo y también valioso en su manifiesta sencillez.

El aprendiz de Lorea, el vasolitano Juan Antonio Gaspar Hernández lo construyó en los últimos años del siglo XVIII o en los albores del 1800. Talló sus flores y dejó sus huellas en el retablo construido para alguna de las iglesias más viejas de la Buenos Aires colonial.

Quizá Gaspar Hernández por su profesión era devoto de San José. En su provincia natal, Valladolid, existía la Cofradía de San José de Maestros Entalladores que reunía a los carpinteros.

 

Quizá el tallista y su amigo Manuel Belgrano se hincaron frente al retablo, y humildes rezaron ante a la imagen de su santo. Quizá era el día de San José, o del patrono de Buenos Aires, San Martin de Tours. Había misa y luego etiqueta y júbilo en la corrida de toros en el hueco del barrio de Monserrat o en la plaza mayor.

Todavía faltaban cien años para que desarmaran el retablo y lo enviaran al pueblito de Roque Pérez en un carro. Es una historia vieja, de hace apenas 220 años.

 

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