Dom 3 Jul 2022

Un retablo celestial

Más revelaciones del altar de Roque Pérez. Una obra de más de 200 años que todavía tiene historias que contar. ¿Cuál fue su color original? Su verdadero autor y una lejana inspiración.

 

Durante muchos años me atrapó y lo sigue haciendo la historia del retablo de la iglesia de Roque Pérez.

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Todavía recuerdo la sensación de curiosidad y vacío a la vez de un misterio que no se deja revelar: En el año 2001 pude leer en la parroquia un viejo cuaderno con anotaciones de Francisco Masobrio. El 10 de abril de 1932 el cura italiano había escrito: “Hoy a la mañana cayó una gris ceniza, dando un aspecto muy particular a la campagna”. Se trataba de la erupción simultanea de ocho volcanes en los Andes chilenos.

En el mismo cuaderno, en el año 1943 Masobrio registró que el retablo de la Iglesia que contiene la imagen del patrono San Juan Bautista había sido repintado y afirmaba que era muy antiguo ya que había pertenecido a la Catedral de Buenos Aires.

Estos datos y los símbolos de la escuadra y el compás que se distinguen junto a sus columnas de cedro me hicieron preguntar muchas veces cuando y quien realizó el retablo, y para qué templo y congregación.

Veinte años después tuve la satisfacción de responder varios interrogantes. Descubrí una combinación muy particular de tallas de rosas silvestres y rosas dobles que repetidas en varios retablos de la Catedral y otros templos de Buenos Aires solo pueden ser de un artesano.

El mismo que talló la idéntica guirnalda de flores en el retablo de Roque Pérez y también en el púlpito encargado por Manuel Belgrano para la iglesia de San Telmo.

El autor fue Juan Antonio Gaspar Hernández, el artesano español que llegó a Buenos Aires por el año 1770 desde su Valladolid natal. Aprendió y vivió con Isidro Lorea, un vasco que perdió la vida en las invasiones inglesas y fue autor del retablo mayor de la catedral. Su discípulo Gaspar Hernández ya realizaba por entonces los retablos de distintos templos imponiendo su estilo neoclásico, con líneas rectas y una composición sobria que se alejaba del barroco. A fines del siglo XVIII los cófrades que solventaban estas obras querían que se realizaran “a la moderna”.

La investigación que me llevó a calcular que el retablo de Roque Pérez tiene más de 200 años (podría haber sido construido entre los años 1795 a 1805) puede leerse completa aquí: https://www.laguiaderoqueperez.com.ar/notas/el-misterio-del-retablo-de-roque-perez/

Allí encontrarán toda la historia y qué significan los símbolos del retablo y a que santo está dedicado.

En este artículo quiero revelar cuál fue probablemente el color original del retablo llegado a Roque Pérez en 1899. Como ya dijimos las maderas de cedro habían sido repintadas en 1943. Antes, en 1936, el retablo fue desarmado íntegramente para llevarlo desde la vieja capilla hasta la iglesia nueva cuando esta fue inaugurada el 19 de marzo de aquel año. A comienzos de los 40 fueron instalados los vitrales del nuevo templo que preside la plaza Mitre, por lo que fue lógico luego encargar el repinte del antiguo altar litúrgico.

Se eligieron colores tierra y verdes aplicados con una técnica de marmoleado, imitando la piedra.

En tantas visitas al retablo y fotografías, un día aumenté la luz, me acerqué más y retraté molduras casi ocultas por las columnas de orden jónico. Y allí había bordes, algo descuidados por el pintor, donde aparecía una capa de color vívido y celestial: el azul.

Habrá usado el pintor, el añil fabricado en Guatemala que ya era usado por los mayas o la azurita o el azul de Prusia que venían de Europa. O tal vez empleó, como se usaba en la puna jujeña desde el siglo XVI, los cristales azules de Bohemia.

Viejas capas de pintura azul junto al repinte marmoleado.

Quizá el mismo color del manto de la virgen de Luján, quizá el profundo azul del retablo de Santiago Apóstol, u otro más claro azul como el altar de San José, ambos construidos también por Hernández para la iglesia de Iglesia San Ignacio.

 

Azul: Retablo de Santiago Apóstol, obra de Hernández para la iglesia de San Ignacio.

Para la cristiandad, el azul es el color de la pureza y de lo celestial. Y nuestro retablo fue probablemente durante casi 150 años una lámpara azul alumbrando los ruegos de la Buenos Aires colonial.

Quiero contarles algo más. ¿Vieron la figura oval del retablo, el vitral formado por rayos de vidrios morados y azules? En su centro hay una estrella de Belén, de ocho puntas y muy pequeña.

Esta estrella fue muy difundida por los árabes en España y en particular en la zona de Valladolid donde había nacido Juan Antonio Gaspar Hernández.

El artesano era del pueblo Villanueva del Duero. Seguramente habrá recibido el sacramento del bautismo en la iglesia de Nuestra Señora de la Visitación.

Luego en su juventud, caminando por “Los almendros” y por “La calle de los cálidos” habrá llegado a la plaza mayor de la aldea para asistir a la misa en el templo mudéjar del siglo XVI.

El cura principal venía de la cartuja de Aniago y se sentaba en una alta silla de madera. Cuando el padre cartujano se paraba, dejaba ver los dibujos geométricos del respaldo de la “silla del prior de Aniago”.

Silla del prior de Aniago, en la iglesia de Villanueva del Duero.

Vitral del retablo de la iglesia de Roque Pérez.

La vista del joven artesano quedaría prendada de los artificios de la madera. Una cabeza tallada bajo el asiento y en el respaldo una estrella de ocho puntas y otra mayor de dieciséis rayos, un sol dos veces la estrella de Belén.

Allí están, en la silla del prior, la línea y la forma, una síntesis del destino de Hernández en el rio de la Plata. Allí están, entre rombos y guardas, los mismos rayos que alguna vez Juan Antonio Gaspar Hernández iba a trazar quizá en los ejercicios de la primera escuela de dibujo de Buenos Aires, creada en 1799 a instancias de Belgrano.

Los mismos rayos de luz que una vez Juan Antonio Gaspar Hernández iba a poner en un vitral, en el ático de un retablo que años después hizo su camino por los empedrados porteños hasta la iglesia de Roque Pérez.

La antigua capilla de Roque Pérez que recibió el retablo en el año 1899.

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